En Diciembre de 2005 pasé unas de las peores navidades de toda mi vida. Acababa de terminar una relación que me hizo más daño (o eso pensaba hasta ahora) del que nadie podría hacerme jamás.
Hoy puedo decir que aquella relación fue algo sin importancia comparada con el daño que alguien me ha hecho ahora.
Estoy sola. Me siento sola. Mucho más de lo que nunca me he sentido. Jamás volveré a confiar en nadie, por muchas pruebas que me den, por muchas palabras que digan, porque después todo es aire, todo es vacío.
Quise morir entonces y he querido morirme ahora.
Nunca comprenderé porqué la gente miente, porqué tienen que inventarse excusas, porqué disfrutan haciendo daño.
Qué diferencia hay entre un "t'estimaré sempre" y un "eres lo que más quiero en la vida" si ambas carecen de fundamento? Si no haces nada para demostrarlo? Si no luchas? Ninguna. Entre estas dos frases median 7 años, pero suenan igual de falsas. Solo son frases, una forma de sentirse mejor por el daño infligido.
Soy un fracaso. No he hecho nada en la vida más que buscar imposibles.
Quería escribir y no soy capaz de crear nada. Quería una vida estable y he ido de sobresalto en sobresalto. Quería alguien que me amara pero no hay nadie que quiera hacerlo.
Una vida mediocre desperdiciada hasta el último extremo.
Lo he intentado todo más allá de lo imaginable. Parece ser que no soy digna.
Em costa imaginar-te absent per sempre. Tants de records de tu se m'acumulen que ni deixen espai a la tristesa i et visc intensament sense tenir-te.
em dol saber que no podrem partir-nos mai més el pa, ni fer-nos companyia; però d'aquest dolor en trec la força per escriure aquests mots i recordar-te.
Més tenaçment que mai, m'esforço a créixer sabent que tu creixes amb mi: projectes, il.lusions, desigs, prenen volada per tu i amb tu, per molt distants que et siguin, i amb tu i per tu somnio d'acomplir-los.
Te'm fas present en les petites coses i és en elles que et penso i que t'evoco, segur com mai que l'única esperança de sobreviure és estimar amb prou força
Tu ja no hi ets i floriran les roses, maduraran els blats i el vent tal volta desvetllarà secretes melodies; tu ja no hi ets i el temps ara em transcorre entre el record de tu, que m'acompanyes, i aquell esforç, que prou que coneixes, de persistir quan res no ens és propici.
Des d'aquests mots molt tendrament et penso mentre la tarda suaument declina. Tots els colors proclamen vida nova i jo la visc, i en tu se'm representa sorprenentment vibrant i harmoniosa.
No tornaràs mai més, però perdures en les coses i en mi de tal manera que em costa imaginar-se absent per sempre.
No es la primera vez que el abuelo se olvida de venir a buscar a una de las niñas a las que doy clase de repaso en el colegio.
Esta tarde, mientras esperábamos pacientemente sentadas en un banco a que él apareciera, le he pedido a la niña que me explicara un cuento.
Me ha explicado una versión muy poco edulcorada de "La ratita presumida"
Érase una vez una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo encontró dinero
Yo: cuanto dinero?
Ella: 10 céntimos
La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda. Como quería casarse, se compró un lazo de color rosa para su cola y parecer más bonita.
Pero ella no quería casarse con cualquiera, ella quería alguien con la voz bonita, así que escogió al gato, que la tenía preciosa, y se casó con él.
Y en la noche de bodas, el gato se comió a la ratita.
Colorín colorado, el cuento se ha terminado.
Yo: Qué malo que era el gato que se comió a la ratita! Y eso que estaban casados...
Ella (mirándome con aire de suficiencia): El gato no era malo, los gatos se comen a las ratas.
Y ante esta gran verdad no he sabido qué decir, pero me he puesto a cavilar que optamos por escoger siempre las peores opciones, porque vienen con un bonito papel de colores, o con un pelaje suave, o cualquier otra cosa, cuando hasta los niños saben algo tan evidente.
Toda la culpa la tuvo Ronald McDonald. Sí, ese payaso con una peluca que no es suya, porque se la robó a un travesti el Día del Orgullo Gay, aunque él siempre lo ha negado. Pero yo lo sé porque estaba allí. De hecho, yo era el travesti.
El robo de mi peluca me produjo tal trauma... me sentía vacío, desprovisto de personalidad.
Por eso fuí a ver al psiquiatra. Y me dio unas pastillas de color lila que de tan bonitas hasta me daba pena tomármelas...
Supongo que fue a causa de las pastillas, pero una noche, paseando por la calle, vi un graffiti en una pared y se me fueron las manos (siempre he tenido unas manos muy largas, mi abuela decía que corrían más que mi vista). Mi sorpresa fue mayúscula cuando de pronto comprendí que había pasado a formar parte del graffiti.Y más todavía al ver que los dibujos del graffiti se movían y hablaban como si tal cosa.
Allí fue dónde conocí a Magallanes. Era un diseñador de juegos para redes sociales. Durante el día se vestía su traje de persona seria y por las noches vivía en graffitis como ese (y en lugares peores). Magallanes me ofreció la vida eterna.... como avatar en un juego de vampiros.
Ahora me siento como una muñeca de cartón a la que una niña mimada le cambia el vestido cada día, aunque me siento realizada porque tengo todas las pelucas que quiero, mucho mejores que la que el maldito Ronald me robo.
Me aburro bastante, tantas horas sin hacer nada.... así que me voy a dar una vuelta para charlar con otros avatares, por lo que casi siempre me véis invisible. (Shhhhh.... guardad mi secreto, o alguien podría quitarme las pelucas!)
Alguien lleva tiempo diciéndome que no conozco a las personas. Ainssssss.... es enojoso que alguien que no se ha tomado la molestia de conocerme en absoluto me juzgue tan ingenua respecto a los demás.
Honestamente, conozco tanto sobre los otros que me aburren. Y soy tan sumamente perezosa que le he encontrado la gracia a callar y a dejar que los demás se ahorquen con sus propias mentiras. Es más fácil y más cómodo escuchar y permitirles hacer el nudo, ponerse la soga alrededor del cuello y que ellos mismos abran la trampilla, dedicándome a ser mera espectadora.
Estudiar psicología por afición te permite profundizar en las debilidades humanas, crear perfiles, saber dónde golpear para que duela y reírte de todo.
Es fácil, solo tienes que permitir que la gente hable, hable, hable. A todo el mundo le gusta hablar de ellos mismos, de lo que piensan, de lo que opinan sobre ésto o aquello... Les encanta demostrar cuánto saben acerca de todo. Para alguien entrenado en escuchar, es sencillo. Después solo tienes que sacar tus propias conclusiones.
Si además tienes un detector de mentiras insertado en el cerebro, es difícil que un aficionado pueda engañarte. Y os aseguro que hay muchos aficionados pretendiendo ser eruditos en la materia.
Por supuesto, ellos jamás admitirán que estás en lo cierto cuando emites un juicio. Al contrario, se molestarán y contraatacarán. Pero en el fondo saben que únicamente se mienten a sí mismos, no a ti, haciendo la situación más lamentable.
Recordando a alguien que me dijo que soy una especie de Lisbeth Salander (quiero que sepas que echo de menos nuestras charlas), es cierto, si algo hago bien es investigar. Y tengo unos métodos y unas herramientas muy útiles para ello, así que es difícil que se me escape algo que alguien no quiera que vea.
Para ser un buen mentiroso, uno tiene que tener en cuenta muchas cosas. No basta con tener buena memoria. Es necesario ser inteligente también. Y algunos que pretenden tener inteligencia realmente son unos zoquetes a la hora de pensar en todo aquello que pueda llevarte a descubrir la verdad.
Quien puede vivir con tanta mentira en su vida? Con lo fácil que resulta la sinceridad y a la gente le gusta perder lo bueno que tiene contando mentira tras mentira...
Todos los cuentos, alegres, tristes, buenos o malos, empiezan así. Pero, y si el cuento no pasó hace tiempo? Y si es reciente? Y si está pasando ahora mismo en alguna parte?
A veces las más bonitas historias dan un giro y tienen tristes finales... No me gustan los finales tristes. Me gustan los libros o las películas que terminan bien y te dejan con la esperanza de que no todo tiene que ser amargo en esta vida, que los sueños pueden convertirse en realidad. Y si no es posible un final feliz, al menos un final abierto, con la posibilidad de encauzar la situación en algún momento, que para tristezas ya tenemos suficientes con las que nos rodean. A fin de cuentas, soñar aún es gratis.
Ahora sí. Erase una vez un hombre que se odiaba a sí mismo y a todo cuanto le rodeaba. Él habia tenido una vida complicada y dura, se había forjado a sí mismo, los alimentos que le sostenían eran el odio y el rencor, sin olvidar la venganza. Devolvía golpe por golpe y con intereses. Jamás cedía ante nada ni ante nadie. Aunque cometiera errores, jamás pedía perdón. Esa palabra no estaba en su diccionario.
Nunca reconocía sus errores, porque según su forma de ver las cosas, él siempre estaba en lo cierto. Para él, cuantos le rodeaban eran enemigos a los que abatir y no cejaba en su empeño hasta que los hundía, hasta que conseguía que se sintieran miserables, tanto como se sentía él. Por eso él no tenía amigos.
Este hombre no sabía amar. Para él el amor era un sentimiento barroco y ridículo, solo podían sentir amor los perdedores, los dispuestos a sacrificar algo o sacrificarse por alguien, y él no era un perdedor. El único amor que él entendía era el sometimiento absoluto. La rendición total, como si de una guerra se tratara. Y no tomaba rehenes.
Un día nuestro hombre conoció a una mujer. Alguien que, pese a saber cómo era, a pesar de ver en su interior, estaba dispuesta a tener la paciencia suficiente para que él se diera cuenta de que en la vida también existen la complicidad y la ternura, a intentarlo todo, con fuerza, para hacerle feliz, a amarlo por encima de todo. A darle calor, paz y todo cuanto ella tenía.
Y el hombre se sintió amado.... por un tiempo. Pero las inseguridades, los celos, la amargura no permitían a este hombre vivir en paz. Y en lugar de aceptar a la persona que tenía a su lado, que le amaba tal y como era, intentó cambiarla. Quiso moldearla a su antojo, como si fuera un dios con un trozo de barro con el que jugar.
Nunca utilizaba insultos, pero todos sabemos que hay peores formas de utilizar las palabras. Humillaciones, castigos...
Quiso que ella se quedara sin amigos, que dependiera de él, quiso romper su voluntad y su fuerza, todo aquello que él decía amar y admirar.
Hasta que llegaron a una situación límite. Porque cuando las palabras son tan necesarias como el aire pero lo único que reina es el silencio, uno se da cuenta de que no queda nada.
Él escogió la opción fácil, como hacen los cobardes. No luchar. Buscar otras mujeres que suplieran lo que él pensaba que ella no le dió. No sabemos si encontró alguna que se sometiera como él quería. Ella... simplemente, lo relegó al olvido como algo que podría haber sido y no fue.
Colorín, colorado, éste cuento se ha acabado.
Así es como terminan muchas historias. En verdad me gustaría poder decir que él se dió cuenta de sus errores, que luchó porque realmente ella era importante para él, que hablaron de todo lo que tenían pendiente por resolver, lo solucionaron y vivieron felices y comieron perdices. Pero... la realidad siempre supera a la ficción, lamentablemente.
No culpéis a quien escribe, solo es una cronista de lo que sucede a su alrededor.