domingo, 13 de noviembre de 2011

The Secret Life of Words



Erase una vez....

Todos los cuentos, alegres, tristes, buenos o malos, empiezan así.  Pero, y si el cuento no pasó hace tiempo? Y si es reciente? Y si está pasando ahora mismo en alguna parte?

A veces las más bonitas historias dan un giro y tienen tristes finales... No me gustan los finales tristes. Me gustan los libros o las películas que terminan bien y te dejan con la esperanza de que no todo tiene que ser amargo en esta vida, que los sueños pueden convertirse en realidad. Y si no es posible un final feliz, al menos un final abierto, con la posibilidad de encauzar la situación en algún momento, que para tristezas ya tenemos suficientes con las que nos rodean. A fin de cuentas, soñar aún es gratis.

Ahora sí. Erase una vez un hombre que se odiaba a sí mismo y a todo cuanto le rodeaba. Él habia tenido una vida complicada y dura, se había forjado a sí mismo, los alimentos que le sostenían eran el odio y el rencor, sin olvidar la venganza. Devolvía golpe por golpe y con intereses. Jamás cedía ante nada ni ante nadie. Aunque cometiera errores, jamás pedía perdón. Esa palabra no estaba en su diccionario. 

Nunca reconocía sus errores, porque según su forma de ver las cosas, él siempre estaba en lo cierto. Para él, cuantos le rodeaban eran enemigos a los que abatir y no cejaba en su empeño hasta que los hundía, hasta que conseguía que se sintieran miserables, tanto como se sentía él. Por eso él no tenía amigos.

Este hombre no sabía amar. Para él el amor era un sentimiento barroco y ridículo, solo podían sentir amor los perdedores, los dispuestos a sacrificar algo o sacrificarse por alguien, y él no era un perdedor. El único amor que él entendía era el sometimiento absoluto. La rendición total, como si de una guerra se tratara. Y no tomaba rehenes.
Un día nuestro hombre conoció a una mujer. Alguien que, pese a saber cómo era, a pesar de ver en su interior, estaba dispuesta a tener la paciencia suficiente para que él se diera cuenta de que en la vida también existen la complicidad y la ternura, a intentarlo todo, con fuerza, para hacerle feliz, a amarlo por encima de todo. A darle calor, paz y todo cuanto ella tenía.

Y el hombre se sintió amado.... por un tiempo. Pero las inseguridades, los celos, la amargura no permitían a este hombre vivir en paz. Y en lugar de aceptar a la persona que tenía a su lado, que le amaba tal y como era, intentó cambiarla. Quiso moldearla a su antojo, como si fuera un dios con un trozo de barro con el que jugar. 

Nunca utilizaba insultos, pero todos sabemos que hay peores formas de utilizar las palabras. Humillaciones, castigos... 

Quiso que ella se quedara sin amigos, que dependiera de él, quiso romper su voluntad y su fuerza, todo aquello que él decía amar y admirar. 

Hasta que llegaron a una situación límite. Porque cuando las palabras son tan necesarias como el aire pero lo único que reina es el silencio, uno se da cuenta de que no queda nada.

Él escogió la opción fácil, como hacen los cobardes. No luchar. Buscar otras mujeres que suplieran lo que él pensaba que ella no le dió. No sabemos si encontró alguna que se sometiera como él quería.  Ella... simplemente, lo relegó al olvido como algo que podría haber sido y no fue.

Colorín, colorado, éste cuento se ha acabado.

Así es como terminan muchas historias. En verdad me gustaría poder decir que él se dió cuenta de sus errores, que luchó porque realmente ella era importante para él, que hablaron de todo lo que tenían pendiente por resolver, lo solucionaron y vivieron felices y comieron perdices. Pero... la realidad siempre supera a la ficción, lamentablemente.

No culpéis a quien escribe, solo es una cronista de lo que sucede a su alrededor.



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viernes, 28 de octubre de 2011

Office Space



El paseo por el Barri Gòtic habría sido magnífico si no fuera porque iba vestida para pasar una temporada en el Polo Norte.

Un polar, una sudadera, chaqueta para la lluvia, el chubasquero, tejanos y pantalones de lluvia. La verdad es que me sentía como una cebolla en una sauna. 

El paseo por el Barri Gòtic habría sido fantástico si no fuera porque estoy muy cabreada con los funcionarios!

El Estado pide, pide, pide y exige. Para pagar una subvención piden el libro de familia, el certificado de divorcio, el convenio regulador....  Todo esto para comprobar que no estás recibiendo una pension alimenticia.

Peores son los del Instituto Nacional de Estadística. Ellos no te quieren a ti, quieren títulos. Tu puedes ser Pitágoras, Einstein y Stephen Hawking, pero si tú no tienes un título académico, no puedes trabajar. Da lo mismo que superes el exámen, que saques un 100 de 100 de respuestas acertadas. Ellos quieren tu título. Y tú los miras y piensas... Cuántos gilipollas! Pero con título, por supuesto. 

Y qué decir sobre los funcionarios de la Seguridad Social? Has estado en coma durante meses, alguien se encargó de tramitar tu baja médica, pero como nadie ha ido a recoger los partes, ellos te dan el alta por incomparecencia. Porque claro, tú tienes la obligación de contactar con tu médico para decirle que estás en coma y no puedes ir a recoger los malditos partes médicos.

Tu no pides compasión, solo pides un poco de empatía. Pero, para qué van a ser amables? Ellos tienen un trabajo vitalicio, así que pueden permitirse el lujo de joderte cuantas veces ellos quieran. Sin vaselina ni condón.

Me recuerdan a las grabaciones de las compañías de telefonía. Si quieres saber el importe de tu factura, pulsa el 1, Si quieres información sobre tarifas, pulsa 2... No los saques de su guión establecido, porque se colapsan y se ponen de mal humor. 

Funcionarios.... una plaga a exterminar....

Desde este momento, me declaro totalmente a favor de la empresa privada. 

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miércoles, 26 de octubre de 2011

Jeok-gwa-eui Dong-chim (In Love and War)



Dicen que el amor  todo lo puede

Tal vez dependa de cuanto amas, de cuanto estás dispuesto a hacer, de lo que estás dispuesto a sacrificar, de lo que eres capaz de dar de tí mismo.

Tal vez yo no soy merecedora de ser amada. 

A fin de cuentas, qué soy yo?

Una persona que exige mucho, a mí misma y a los demás, porque estoy dispuesta a dar lo mismo que recibo.

Una persona que cree en el para siempre

Alguien que cree en el "vive y deja vivir"  sin intentar cambiar el mundo, ni siquiera a los que están a mi alrededor.

Una mujer que pretende una vida tranquila, que considera suficiente sobrevivir a diario.

Alguien que no quiere luchar, que piensa que todo se arregla con las palabras.

Una mujer que cree que una relación es compartir, hablar, dar. Quizá mi concepto sea equivocado. Quizá no. Pero es en lo que yo creo. Es lo que yo quiero. 

Alguien que no soporta la rutina.

Alguien que quiere una vida sin mentiras, sin huídas, sin miedos.

Que alguien me quiera por cómo soy. Sin exigir que cambie, que deje de ser como soy, o de pensar como pienso. Que acepte mis debilidades, mis dudas, mis tonterías, mi comportamiento infantil a veces. Mis enfados por nada, mis días locos, mi humor absurdo. Mis ironías, mi tristeza, mi imaginación desbordada, mis silencios. Mis paseos al atardecer y mi despertar, mis nocturnas lecturas. Mi metafórica poesía, mis días grises.

Alguien que se preocupe por mi sin decirme qué debo hacer, alguien que me coja de la mano, me escuche y me acaricie el pelo cuando no estoy bien.

Alguien que sonria cuando lo beso de repente, o cuando le despierte al amanecer porque quiero ir a comprar pan a 100 kms. Alguien que me acompañe a buscar chucherías bajo la lluvia. Alguien con quien compartir tardes de cine en el sofa. Alguien que me haga sentir única, deseada, amada, en paz con todo. 

Alguien que me ame con pasión, con fuerza. Que sepa cuando ser sutil y cuando no. Alguien que crea que yo soy importante y mis cosas también. Alguien que me haga temblar. 

Lo sé. No es fácil. Yo no soy fácil. Nunca he dicho que lo sea. 

No quiero alguien que diga a todo que si. No quiero alguien que me de la razón siempre, como a los locos para no discutir. No quiero una persona fácil.

Quiero alguien a quien admirar, a quien respetar, a quien amar. Quiero a alguien de quién yo pueda sentirme orgullosa. Quiero poder considerarme afortunada porque alguien así me ame. 

Si tu no eres capaz de darme lo que yo pido, si no eres capaz de recibir lo que yo doy, es que no tenemos el mismo concepto sobre el amor.  Si en eso no estamos de acuerdo... se puede llamar amor? 

Quizá yo estoy equivocada y no merezco ser amada...

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lunes, 24 de octubre de 2011

Lies & Illusions



Erase una vez... un niño que mentía más que hablaba, y mira que eso es difícil...  

Y cuando mentía le crecía la nariz.  

Ah no coño, que ésto es Pinocho!

Bien, no hablaré de un muñeco de madera, pero quiero hablar de Pepito Grillo. 

Todos tenemos el nuestro dentro. Ese que nos dice que no estamos obrando bien, que todo tiene un precio y que lo que hagamos va a volverse en nuestra contra más pronto o más tarde.

Mi Pepito Grillo particular no susurra éste tipo de cosas en mi oído, porque él sabe que soy de una ingenuidad escandalosa a veces. Él me está susurrando constantemente que alguien va a pegarme una puñalada por la espalda.

Y yo, qué queréis que os diga... primero encerré a Pepito Grillo en la despensa, para ver si desde allí dentro no lo escuchaba. Pero el muy maldito sigue y sigue y empieza a tenerme muy cansada.

A veces vemos cosas que no queremos creer, porque nuestra mente se niega a procesar los datos que tenemos a nuestro alcance.

Pero cuando te tomas un momento para pensar, cuando racionalizas, cuando nada perturba tu lógica, de pronto se enciende la bombilla y exclamas: Eureka! Y en ese momento te estrellas contra la pared, porque no estabas mirando.

Esa frase que dice que los árboles no te permiten ver el bosque... Yo creo que a veces el bosque entero no te permite ver un solo árbol, ese árbol que está podrido pero con sus raíces intactas esperando a invadir el suelo para inocular su podredumbre al resto.

Algo huele mal...

Y Pepito Grillo tiene un olfato más fino que el mío.


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viernes, 21 de octubre de 2011

Sauf le respect que je vous dois



He visto un dibujo que me ha gustado. No por el dibujo en sí, que no tiene nada de espectacular, sino por la frase que lo acompañaba.

"Si alguien te quiere, ellos no tienen que decirlo. Tú puedes decirlo por la forma en la que ellos te tratan"

Bonita frase. Y cierta.

Las palabras por sí solas únicamente son aire; algo que cuesta poco decir. Cuantas veces hemos escuchado a nuestro alrededor el famoso "te quiero"? Pero ese "te quiero" no es nada si no viene acompañado por los hechos. Y los hechos son que una persona que te quiere jamás intentará herirte de forma gratuíta, jamás intentará vengarse de tí, no te engañará, no te insultará, no utilizará palabras desagradables, porque cuando quieres a alguien sabes todo el daño que puedes causar y no aprovechas la ventaja.

Amar es perdonar y olvidar también, pero hasta cierto límite. No se puede perdonar todo o acabará siendo una sumisión. Aunque a veces tengamos que comernos el orgullo, jamás, jamás, permitamos que nos quiten la dignidad (esto me recuerda a Braveheart) 

Amar es confiar. Porque la confianza es la base de toda relación (incluso de las relaciones comerciales. Yo te pago y confío en que tú me envíes la mercancía). Si es bueno para los negocios, cómo no va a serlo para las parejas o los amigos? Si yo no confío en tí y tú no confías en mí, qué tenemos? Nada. Si prestamos más atención a cualquier cosa que diga o haga un tercero, qué significa? que no hay confianza, y creo que si no hay confianza, es que no me quieres lo suficiente. 

Amar es respetar. Respetar a quien amas es respetarte a ti mismo.

Amar es no mentir. 

Amar es mostrarle tus inseguridades y debilidades a otra persona, porque sabes que esa persona no va a reirse de ellas y tampoco las utilizará como arma arrojadiza.

Amar es comprender, es dialogar, es discutir hasta cierto punto, es no huir cuando las cosas están mal. Es aguantar el chaparrón y la tormenta, o lo que venga, aunque sea un tornado, un tsunami o el despertar de un volcán.

Cuando huyes, le estás dando al otro una muestra de cobardía. Quédate, lucha y soluciona las cosas. Pero no las guardes en el apartado del rencor o en el baúl de agravios comparativos para hacerlas aparecer en la próxima discusión. Cuando discutes, ponle fin a la discusión. Para siempre. No se puede mantener en la memoria todo lo malo que ha hecho el otro para recordárselo días o meses después.

Y no se trata de decir todo lo que se te pase por la mente y después, cuando ves que has herido a alguien, pedir perdón. Los maltratadores (tanto los físicos como los psicológicos) hacen eso. Maltratan y luego piden perdón. Mejor pensar antes de actuar, porque llega un momento en que pedir perdón no sirve. No se trata tampoco de no decir las cosas. Pero hay muchas formas de decirlas y no tiene porqué ser de la peor forma posible.

Repetid conmigo: RESPETO, CONFIANZA, DIALOGO.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

The Imaginarium of Doctor Parnassus



Dioses! el vodka lila es asqueroso, pero a falta de Southern...

Y hoy realmente era necesario el alcohol. Porque intentar entender lo inexplicable es difícil, cansado y agotador.

Es todo tan surrealista que creo que voy a escribir una novela. Quizá se convierta en un best seller, yo acabe siendo famosa y firme autógrafos en alguna librería importante.

En el libro de Ayn Rand "La rebelión de Atlas" todo el mundo preguntaba -quién es John Galp-?

Yo pregunto ahora: Quién es Arturo García? 

Alguien a quién yo no tengo el gusto de conocer (el placer es una ironía) ha aparecido de la nada en mi vida sin yo tener constancia de ello y parece ser que tengo una relación con él. Es genial ser la pareja "imaginaria" de alguien que no existe.

Más divertido aún es que haya gente que pueda creer en semejante sandez. Bueno... más divertido no, es triste pensar que alguien que te conoce y te quiere sea capaz de desconfiar de ti y creer en alguien a quien no conoce.

De hecho, es triste y angustioso. Porque si esa persona reacciona de ésta forma sin saber la verdad, sin tan siquiera preguntar... qué tipo de persona es?

Os juro que voy a volverme loca.

Días pensando qué habré hecho para merecer un trato despiadado, pensando, pensando, pensando, buscando mil y una razones, imaginando qué ha podido ocurrir para que algo maravilloso se fuera al infierno de repente, sin venir a cuento, para que cuando consigo averiguar qué es sea debido a que alguien quiere joderme contando mentiras.

Si alguno de vosotros conoce a Arturo García, o ha creado una cuenta con ese nombre, podéis hacerle saber (a ella o él porque yo no sé el género) de mi parte  que es un hijo de la grandísima puta, por favor?  y que si algún día encuentro quién ha sido, esa persona no volverá a desear jugar con mi vida nunca más.

Hacer este tipo de cosas es rastrero, digno de alguien con mucho resentimiento y con mucho odio dentro. Quien sea, realmente necesita un psiquiatra.

Surreal Pictures, Images and Photos

martes, 11 de octubre de 2011

Taste of Fear (Scream of Fear)



Hoy toca introspección. 

Acontecimientos recientes me han hecho pensar mucho, demasiado. Sobre lo que se siente cuando algo se termina de forma brusca, abrupta. 

Mi corazón quiere confesar. 

Lo peor de todo no es que algo termine. Tampoco que recibas el golpe cuando menos lo esperas. O que todas tus ilusiones caigan por el desagüe y vayan a juntarse con la inmundicia.

Cuando alguien te asesta un golpe mortal, una decepción tan inmensa, porque alguien ha jugado contigo, lo que se termina son las ganas de continuar existiendo. Tú puedes superar la pérdida de alguien. Todos podemos. Lo que no se supera es ese sentimiento de inseguridad. 

Miedo a volver a confiar en alguien.
Miedo a no hacer las cosas bien.
Miedo a hablar
Miedo a ser tú mismo. 
Miedo a volver a beber de esa fuente inagotable que se llama dolor.

Algo se muere, se marchita, cuando sientes miedo.

El miedo se instala permanentemente en tí. Se apodera de todo cuanto haces.  

Ismael Serrano lo define perfectamente en "El virus del miedo"


Venció el miedo y faltó a la última cita, 
no descolgó el teléfono 
que aullaba en la mesilla. 
Y el temor a la derrota 
lo agarrotó como un calambre, 
sin un por qué. 

Duro, intenso y precario... 
Se enfrentaba cada día 
al oleaje en el trabajo. 
Y una mañana la cobardía 
lo paralizó en la puerta 
y no entró a la oficina. 

Volvía a despertar 
y empezaba el periódico 
como tantos, por detrás. 
Vio y sintió la noche 
del planeta y su desastre, 
tuvo miedo y decidió 
no salir a la calle. 

Y ahí lo tienes encerrado en casa, 
temblando como un niño, 
sellando las ventanas, 
para no ver, ni escuchar, 
sentir, notar la vida estallando fuera. 
 

Por miedo a sentir miedo 
fue a la cama, 
como una oruga se escondió 
y envuelto entre las mantas 
se durmió, 
hizo humo el sueño 
y se olvidó del mundo 
por miedo a despertar.
 


Las dudas, la indecisión, el miedo a volver a sufrir, a volver a sentir algo, te paralizan y no eres capaz de tomar decisiones, de mostrar un mínimo signo de iniciativa. Quieres dejarte morir, y que los demás se olviden de tí para siempre.

Te sientes pequeño, inválido e inútil.

Todo esto es lo que siente un corazón cuando alguien lo rompe de forma irrevocable. 

Te sientes bien provocando ésto? Disfrútalo.

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